El hombre ha venido a este mundo no para ser un espectador inconsciente, ni un observador indiferente y sin interés de las muchísimas bellezas, particularidades y manifestaciones que constantemente ponen a su vista y estudio las leyes divinas de la naturaleza. Tiene un deber muy superior a esta observación sin interés y sin provecho. El hombre ha venido al mundo para ser actor, para recoger en la película de su inteligencia todos los acontecimientos que su vista puede retratar, para luego estudiar, analizar y aprovechar las enseñanzas que de estos acontecimientos se derivan.