Si hay algo en mi vida que me emociona y me atrae y me conquista completamente es ver las estrellas, los planetas y el cielo nocturno entero, pero ESTAR ahí, y mirar la tierra de lejos, y ver cuán maravillosamente perfecto es el universo, sería, para mí, una oportunidad única de encontrarle sentido a la vida. En la tierra todo es bueno o malo, guerra o paz. Desde el espacio, en cambio, nada está aún definido: allá no hay guerra o paz sino lo que existe dentro de uno. Podría mirar la tierra, y pensar que ha sido toda mi vida ahí, que ahí está a quién yo amo, y quien me odia, los que dañan y los que sanan, y saber que sin embargo, lo miro todo sin diferencia; que desde allá la tierra es una sola esfera preciosa u oscura, unida en perfección esperando por su sentido. Y que todo está así para dejarme averiguar qué importa. Para saber si la humanidad junta me provoca el afecto que se merece. Para mirar con los ojos de mi corazón la tierra, y volver, quizás, lleno y orgulloso a completarla.